viernes, 29 de agosto de 2014

Otro verano más que se acaba, y otro año más en el que saco mis reflexiones. Este año no ha sido ni de lejos el mejor. De hecho, creo que ha sido uno de los peores. He pasado de no parar, de tener la cabeza en mil sitios, a estar muy decepcionada con mi vida y con las cosas que me rodean.
Me he dado cuenta que, hacer cosas por los demás nunca te va a ser recompensado. Da exactamente igual que te arrastres, que te preocupes, que intentes tener pequeños o grandes detalles con las personas que te importan, porque luego no te va a ser recompensado.
Por supuesto, nuestras acciones no tienen por qué ser malintencionadas o interesadas sólo por el hecho de pensar que algún día estas mismas personas nos ayudarán cuando nos haga falta: las cosas se hacen simplemente porque queremos a nuestros compañeros más cercanos.
Este verano, esperaba encontrarme con algún que otro reencuentro, con una llamada en mitad de este caluroso verano o quizás con una sorpresa inesperada. Pero no ha sido así.
Y no quiero ni pensar lo que será el invierno.