lunes, 30 de junio de 2014

¿Qué es lo que nos enamora de una persona? ¿Es su forma de ser, o la nueva que se forma con la de uno mismo? ¿O quizás sea los sentimientos que provoca en ti una vez que eres consciente de ello? ¿Somos uno o dos implicados? 
Nunca sabremos con certeza si somos nosotros los que hacemos que el enamorarse sea una cosa recíproca o algo tan tacaño como apoderarnos de un sentimiento para nosotros mismos.
Lo que yo sé es, que independientemente de si es el primero el que te incita a enamorarte o si es uno mismo el que se ofrece a recibir ese sentimiento, no te enamoras de una persona por una sola opción.

Te enamoras porque hay demasiadas cosas de las que eres dependiente que nunca serías capaz de elegir una de ellas por encima de todas. Nada es suficiente ni nada es demasiado si lo comparas con otro rasgo que te haya dejado atrapado.
Yo me enamoré de lo que me hace ser cuando es él, de lo que somos los dos en un solo conjunto. Me enamoré también de nuestras abismales diferencias, que de cerca resultaban ser minúsculas. 
De la protección que me ofrece cuando estas ante el peligro, tú mismo. Eso también me hizo ser parte de él.
No sé si hubo algo que no quisiera en él, pero definitivamente si no lo quise aún sigo sin saber por qué no lo conozco. 
No te enamoras de una persona en cuestión de palabras, sino de actos, que son muchos a su lado, y que, como su propio ser, no puedo elegir ninguno de ellos por encima de los demás.
Por supuesto que me enamoré de cómo hace que no pase el tiempo, que días sean horas, y que horas sean minutos cuando aparece. Y así, miles de pequeñas memorias de las que nunca os podría la mejor que tuviera.

No os enamoréis de una persona de la que podáis decir qué es lo que más os gusta de ella, de la que podáis poner en un ranking con los ojos cerrados qué momento fue el que os hizo decidir que ésa era la persona que andabais buscando, porque entonces, no será ella.
No os enamoréis de una persona de la que necesitéis descansar aunque sea un rato, de la que aguantéis sin verla unos días sin tener contacto mínimo, de la que solo tengáis el máximo sentimiento en un momento aislado... 

Enamorarse es, no poder elegir.


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