miércoles, 25 de abril de 2012

Making the end

Y, de repente, dejó de ser un día nublado y lluvioso. Ni siquiera se oía el viento golpeando las persianas y silbando a través de los pequeños escondites de la casa.
Mis pupilas buscaban luz entre aquellas dudosas sombras que mi propia mente intentaba descifrar. El olor a tierra mojada desaparecía a cada paso que daba, y a decir verdad, me hacía sentir bien.
El mundo ahora parecía distinto, aunque aquellos recuerdos que se guardaron bajo llave aullaban, gritaban, y se retorcían de dolor por salir.
Y fue, ahí, en ese mismo instante en el que tuve miedo de volver a ver en mi mente aquellos fragmentos de recuerdos nítidos, cuando a través de cada rincón secreto pude ver un rayo de luz distinto al anterior.
Ni yo misma podría describir ese sentimiento, esa sensación de volver a sentirse libre, de ver cómo cada rayo de luz que veía iluminaba mi vida entera, o al menos, todo lo que conocía.
Supongo que si me preguntárais qué descripción sería la perfecta para ese momento en el que me sentí libre de mi propia jaula, os diría que era la esperanza...

No hay comentarios:

Publicar un comentario