De nuevo la lluvia estaba golpeando la ventana tras la cual se escondía todas las noches. Esa noche más que nunca le apetecía salir para contemplar el cielo oscuro, a través de todas esas pequeñas gotas de agua que querían rozar su cuerpo.
Era precioso observar cómo todo el mundo tenía un lugar en el que refugiarse en una noche tan especial como aquella, y eso que ella tenía uno, pero no había motivo por el que quedarse allí.
Las calles se quedaban solas, los charcos eran uno solo y no tenían miedo de que cruzaras sus aguas con tu peso y tus botas.
Verdaderamente, no importaba absolutamente nada lo que pasara aquella noche.
Pero, desgraciadamente, no tenía nadie que pudiera abrazarla después de volver empapada cuando había estado media hora bajo la lluvia. Esta vez no.
Así que la única manera de poder observar el terrorífico cielo, de escuchar el maravilloso sonido de los truenos, era la de quedarse quieta durante unos minutos desde aquella habitación, a través de aquella pequeña ventana mientras tomaba un café a temperatura "fusión del núcleo terrestre"...
-¡Cariño! -dijo una voz desde la planta de abajo- ¡Ya estoy en casa! ¡Joder! ¿Has visto cómo llue...
Un beso. Sólo necesita un beso.
Las oportunidades de levantar el vuelo y completar tu vida siempre llegan... estoy esperando mi turno.
martes, 27 de noviembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
Querida Alice:
Resulta que cuando recuperas la vista, y a la vez la vida, no quieres que se escape ni un detalle de lo diario, que suele ser a lo que menos atención prestamos.
Te juro que no me cansé de analizar cada movimiento, ya fuera voluntario o involuntario, de su cuerpo.
Me dí cuenta muchísimo antes de acomodar los latidos de mi corazón que su sonrisa era muchísimo más bonita si no se lo esperaba.
Que solía esperar mirando hacia el suelo, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta mientras movía un sólo pie fue algo curioso: es la primera imagen que tengo de mi nueva vida.
No sabía nadie que si algo no le agradaba hacía una mueca en el lado derecho de la boca mientras cerraba los dos ojos y luego te miraba desafiante.
Creo que ahora mismo no hay mejor tacto que el de su pelo, porque resulta que lo prohibido se me hizo tentador... Como él en sí.
jueves, 15 de noviembre de 2012
Winter
Hacía tiempo que no odiaba algo tanto como el invierno, cómo sentir el maldito frío tocando cada milímetro de la dermis y tener que resguardarme de la humedad del viento cada mañana.
Eso de esconderse bajo diez centímetros de ropa sin no mostrar más que los ojos al amanecer es tan triste...
Juro que seguía odiando el invierno más que la horrible cicatriz que expuse al mundo entero años atrás. Ojalá pudiera hacer que cada preciosa imagen que reflejaba aquella cámara y mi memoria tuvieran un maldito botón de "replay" para no tener que recurrir a refugiarme en mi propio pensamiento.
Y aún así, odio el invierno porque te hace ser lo más dependiente e indefenso del mundo animal, necesitando a cada momento que intentes sobrevivir gracias a otra persona y si te falta en un sólo segundo sientes que ya estás en lo más hondo de la cadena alimenticia.
Repito, odio el invierno.
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