Querida Alice:
Resulta que cuando recuperas la vista, y a la vez la vida, no quieres que se escape ni un detalle de lo diario, que suele ser a lo que menos atención prestamos.
Te juro que no me cansé de analizar cada movimiento, ya fuera voluntario o involuntario, de su cuerpo.
Me dí cuenta muchísimo antes de acomodar los latidos de mi corazón que su sonrisa era muchísimo más bonita si no se lo esperaba.
Que solía esperar mirando hacia el suelo, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta mientras movía un sólo pie fue algo curioso: es la primera imagen que tengo de mi nueva vida.
No sabía nadie que si algo no le agradaba hacía una mueca en el lado derecho de la boca mientras cerraba los dos ojos y luego te miraba desafiante.
Creo que ahora mismo no hay mejor tacto que el de su pelo, porque resulta que lo prohibido se me hizo tentador... Como él en sí.
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