Eso de esconderse bajo diez centímetros de ropa sin no mostrar más que los ojos al amanecer es tan triste...
Juro que seguía odiando el invierno más que la horrible cicatriz que expuse al mundo entero años atrás. Ojalá pudiera hacer que cada preciosa imagen que reflejaba aquella cámara y mi memoria tuvieran un maldito botón de "replay" para no tener que recurrir a refugiarme en mi propio pensamiento.
Y aún así, odio el invierno porque te hace ser lo más dependiente e indefenso del mundo animal, necesitando a cada momento que intentes sobrevivir gracias a otra persona y si te falta en un sólo segundo sientes que ya estás en lo más hondo de la cadena alimenticia.
Repito, odio el invierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario